El Viaje

Alemán. Italiano. Rumano. Ruso.

Primero un poco de música apropiada.

Hace un tiempo hice algo en lo que no soy muy bueno; creé una historia y escribí lo que pretendía ser un cuento de hadas dirigido a los niños, e inclusive estuve feliz con el resultado. Si hubiera sido capaz, habría hecho esto más a menudo, e idealmente estaría haciendo eso en lugar de hacer música – esto lo hago porque es lo único que sé, y aparentemente porque es lo que estoy destinado a hacer.

La historia en cuestión fue llamada Perþ, y está llamada así por una runa. El nombre se traduce como “viaje”, principalmente de tipo espiritual, del hombre viajando arriba o abajo entre las esferas del hombre y los espíritus. No recuerdo cuándo exactamente la escribí, pero debe haber sido en algún momento entre la mitad y finales de los 1990s, y la escribí en noruego. Luego fue traducida a inglés por Vidar Ermesjø y publicada en burzum.org creo que en el 2003 o 2004. Mr. Ermesjø hizo un buen trabajo traduciéndola, pero aún así revisé el texto e hice algunas mejorías y correcciones, y deseo compartir con ustedes este pequeño cuento de hadas. Espero que si alguna vez envejezco pueda ser capaz de sentarme en un estudio, en paz y silencio, y producir más de tales cuentos de hadas. Los disfruto bastante, y creo que son valiosos.

Por ahora, esto es todo lo que tengo. Un corto cuento de hadas llamado Perþ. Escuchen atentamente…

Parte I
Erase una vez, en otro mundo y otro lugar allí afuera en el espacio…

Yo era joven y curioso, buscaba respuestas a las más increíbles preguntas. Crecí en una familia noble y fui educado para convertirme en un caballero. Viajé lejos y busqué el honor y la fama – como hacen todos los caballeros. Encontré ambos, pero nunca encontré felicidad. Había demasiada injusticia y crueldad allí afuera para yo poder ser feliz. Sólo los tontos son felices.

Famoso y honorable como era, pensé que era mi deber acabar con toda la injusticia en el mundo. Sabía que los dioses estaban detrás de esto y por lo tanto decidí que debía encontrarlos y demandar respuestas a porqué eran tan crueles e injustos. Porqué dejan a jóvenes morir en los campos de batalla; porqué dejan a los inocentes bebés morir de enfermedades en la cuna; porqué dejan que la plaga y la enfermedad hagan estragos; porqué dejan a algunos vivir como esclavos toda su vida, sólo para morir sucios y viejos en sus camas. ¿Por qué eran tan crueles?

Entonces, con mi engreído ego, una temprana mañana me fui caminando hacia el hombre más sabio de mi pueblo. Toqué la puerta insolentemente con un guante de hierro y anuncié fuerte y claro que quería su servicio.

“¿Dónde están los dioses?”

Estaba (vestido con un camisón) asombrado, no sólo por mi conducta, sino también por mi pregunta.
“¿Dónde están los dioses?”

Repitió mi pregunta para sí mismo. Señaló los cielos y dijo:

“¡Allí!”

“Pero quiero hablar con ellos. Tengo una pregunta para ellos. ¿Acaso nunca están aquí en la tierra?”

“Ha pasado mucho tiempo desde que los dioses vagaron entre nosotros.”

Me dirigió hacia adentro y su sirviente (que también se había despertado por la conmoción) nos sirvió comida y bebida.

“Hubo una vez en la que los dioses mismos vagaban la tierra. Descendieron de los cielos en sus carros brillantes y alteraron todo lo que existía. La humanidad estaba destruyendo todo el mundo. Habían quemado o cortado todos los bosques, habían pescado todos los peces del mar, habían matado todos los animales que existían y la tierra en la que sembraban granos estaba extenuada. Habían demasiados humanos, y todos se habían vuelto bandidos. El humo de las chimeneas contaminaba la lluvia y la hacía peligrosa de tomar. El océano, los lagos y los ríos murieron. La vegetación y las plantas, aves y animales que no estaban ya muertos debido a los humanos, también murieron. Hasta los humanos tenían dificultades respirando el aire, el cual debido a las piras funerarias era espeso y pesado.

Por lo tanto los dioses descendieron para restaurar el orden. Para dar vida de nuevo a nuestro planeta. Quemaron las ciudades y masacraron decenas de miles de humanos. Los rayos y las llamas llovieron sobre las masas que huían. El mar se creció sobre la tierra y arrastró a los humanos de vuelta a las profundidades. El viento los llevó lejos y los estrelló contra el suelo. Las montañas colapsaron, algunas sobre las ciudades. El mundo entero estaba en ruinas. Cenizas, barro y rocas, mar y candente lava cubrían todo. Sólo los vestigios del antiguo mundo se asomaban por encima de ello.

Los dioses entonces crearon un nuevo mundo y dejaron a alguna gente del antiguo mundo vivir allí, pero para prevenir a los humanos de demoler la tierra de nuevo pusieron Guardianes entre ellos. Luego los dioses viajaron de vuelta a los cielos. Nadie los ha visto desde entonces.”

“Pero debo hablar con los dioses. Debo encontrarme con ellos.”

“Entonces debes hablar con un Guardián. Encuentra un Guardián. ¿Tal vez él pueda ayudarte?”

“¿Dónde están estos Guardianes? ¿Cómo puedo comunicarme con ellos?”

“Eso no lo sé. Son invisibles. Ellos sólo ven, no pueden ser vistos.”

Una vez más me aventuré en el mundo, no para ganar honor y fama, pero para confrontar a los dioses con sus malas acciones. Pretendía marchar hacia el mismísimo Valhöll y apuntar acusativamente a Ôðinn, mientras presentaba mis alegaciones, preguntas y críticas. “¿Por qué son ustedes tan injustos y crueles? ¿¡Por qué!?” Muy satisfecho con mi noble fin entonces partí a encontrar un Guardián. Busqué en las alturas y los bajos, en las ruinas del viejo mundo, en altas torres y profundas cavernas, en oscuros bosques y a través de mares turbulentos. No habían Guardianes por encontrar. Nadie sabía dónde estaban los dioses. Nada de caminos ascendiendo hacia los cielos.

Estuve viajando por muchos años. Mis seguidores cayeron uno por uno. Algunos fueron muertos en combate contra jötnar y trolls, gusanos y bandidos, otros cayeron como rocas desde altas montañas y paredes, algunos fueron víctimas de la plaga o enfermedad, otros simplemente murieron. Ya ni siquiera recuerdo cómo y porqué todos murieron. Habían tantos hacia el final. Mi enojo sólo incrementaba. Mi agresividad hacia los dioses sólo crecía en fuerza. ¡Ni siquiera les importaba darme una respuesta!

En el final yacía allí en el suelo, herido y muriendo. Exhausto y agotado, abatido y desesperado. Todo había sido sin sentido. Sin una solución. Sin una respuesta. Sin una causa. Todo iba a terminar en el barro, donde yacía. Sangriento y vencido. Solo entre los humanos muertos a los que pronto me les uniría en la muerte.
Luego la vi; un ser hermoso en un caballo blanco. Sonriendo, casi riendo, ella cabalgó lentamente hacia mí. Mi visión era doble, el caballo tenía ocho piernas. Ella me rió:

“Agárrese si puede.”

No entendía qué estaba sucediendo, todo era tan irreal. Pero, de alguna manera me puse de pie, y de repente estaba sentado allí detrás de ella sobre el caballo. El caballo galopó apenas me agarré a ella. En mi condición no era fácil comprender todo lo que sucedía, pero parecía que estábamos cabalgando hacia arriba, arriba y siempre arriba. Hacia los cielos. Apreté para agarrarme. Iba tan rápido. Luego de un rato colgaba en una posición vertical en el caballo. Las manos apretaban alrededor de la cadera de la bella mujer, pero estaba a punto de perder mi agarre. Grité. Desesperado, pero también con la esperanza de que ella me ayudaría. Pero ella no me ayudó.

“Agárrese si puede.”

Casi me lo sonrió de nuevo, bromeando. No había compasión, ninguna ayuda. Nada. Grité y grité. Perdí mi agarre alrededor de su cadera y me deslicé lentamente hacia atrás, con mis dedos en la espalda y el atrás del caballo. Al final guindaba desde la cola del caballo. Directamente detrás de él, en su salvaje carrera sobre el firmamento.

Luego hubo silencio. No había otro sonido más que mis propios gritos, y el “Agárrese si puede” bromista de la mujer que resonaba en mi cabeza. No estaba frío, ni caliente. Mi cuerpo ya no se sentía pesado, pero tampoco liviano. El tiempo de alguna manera se detuvo. Solamente cabalgábamos hacia la luz allí arriba. Silenciosamente. No sé cuánto duró todo. La luz nos envolvió totalmente luego de un rato y el caballo comenzó a galopar hacia abajo de nuevo. Pero no podía soportarlo más, no tenía más fuerzas. No podía guindar más y me solté. ¡No! ¡No! ¡No!

Pero de repente allí estaba. Me solté justo cuando aterrizábamos. Yacía en el suelo. El caballo estaba allí. La mujer – todavía sonriendo y bromista. Más hombres y mujeres hermosas se reunieron. Eran tan blancos que resplandecían. No blancos como nosotros, sino todavía más blancos.

“Tráiganlo aquí” oí a uno de ellos decir.

Parte II
“¿Dónde estoy?” me escuché decir. Estaba en el proceso de despertarme. Había alguien allí.

“Usted ha llegado” dijo una voz.

Abrí mis ojos y vi que estaba en una habitación grande. Las paredes, el techo, el piso y los muebles eran todos blancos. Blandos y suaves. Cómodamente blanco. Las sábanas también eran blancas. Una fantástica y hermosa mujer estaba allí con una inteligente sonrisa. “Avisaré que usted está despierto” dijo y dejó el cuarto.

Mi cota de malla, seax, casco, escudo y guantes, pantalones y todo lo demás que había traído yacía al lado de la cama en un taburete blanco. Recién lavado y limpio, reparado y en buena condición. Miré mi cuerpo y entendí que éste también había sido reparado. Las heridas estaban curadas. No había siquiera una cicatriz por ver, y ningún vendaje tampoco.

La puerta se abrió de nuevo y una mujer se asomó. “Puede entrar” ella dijo. “Vístase y venga.” Quería preguntarle cuánto había dormido, pero ella fue muy rápido y cerró la puerta antes de que pudiera hacerlo. Me vestí y recordé porqué estaba aquí.

Fuera de la puerta un corredor me llevó hacia una gran puerta. La mujer que me escoltaba me dijo que “Ahora usted está aquí.” Como si supiera porqué estaba allí. Tragué con dificultad y me obligué a golpear la puerta. Ella me sonrió cuando la volví a ver inseguro. “Entre” se oyó. ¿Qué otra cosa podría haber hecho?

Una vasta sala se abrió frente a mí. Directamente en frente había un gran trono, donde el mismísimo Ôðinn estaba sentado. Alrededor suyo estaban tanto sentados como de pie muchos otros dioses, en media luna hacia mí. No tenían defectos. Ningún defecto visible. Algunos tenían expresiones faciales serias, otros me sonreían. Inclusive Ôðinn me sonreía. “Ahora, ¿qué quiere este joven señor?” dijo con una voz artificialmente estricta. Seguía sonriendo. Me sentía algo pequeño donde estaba. Mi gran ego de repente ya no era tan grande. Mi gran auto-confianza de repente ya no era tan grande tampoco.

“Bueno” casi que se me salió.

“De acuerdo a mis registros usted trae algún tipo de acusación” dijo Odín, y hojeó algunos papeles demostrativamente. Actuaba como irritado, pero aún así me dio un sentimiento de seguridad y confianza. Nada malo podía suceder aquí. Aquí no había qué temer. Estaba a salvo.

Y entonces vino, la acusación. En detalle. Dije sobre qué injusta era la vida para algunas personas, qué cruel para otras, qué inmerecidamente algunos individuos encontraban la felicidad y qué tan inmerecidamente otros no. Escupí una acusación tras otra a una paciente asamblea de dioses, y terminé mi acusación con un ¿¡por qué!? Ôðinn no fue conmovido. Ninguno de los demás dioses tampoco parecía conmovido.

“Usted pregunta difíciles preguntas. Para responderlas debo saber qué ya sabe usted sobre la tierra y la vida en la tierra. Por ejemplo, ¿sabe de adónde vienen los humanos?”

“Sí lo sé. Somos sus hijos. Somos los hijos de los dioses.”

“¿Y de dónde cree que vienen los espíritus acuáticos, o las hadas y dragones, jötnar y trolls?

“No lo sé.”

“Déjeme contarle una historia” dijo Ôðinn. “Una larga historia, que usted puede que no entienda.”

“Pruébeme.” Había ganado de vuelta mi auto-confianza.

“Hubo un tiempo cuando ni jötnar ni trolls, dragones o hadas existían. Sólo hombres y animales, sólo plantas y montañas, el océano y el cielo. La humanidad tenía carretones para andar, habían domesticado grandes aves que volaban alrededor del ancho mundo. Tenían enanos que les forjaban la comida, de manera que no necesitaban campos ni agricultores. Erigieron torres que casi llegaban al cielo, y poblaron cavernas tan profundas que las llamas de la tierra interior salían y las quemaban. Cenizas y humo salió y envolvió las ciudades. Los animales se perdieron en la oscuridad de este antiguo mundo. Los peces en el mar se ahogaron. Las aves llovieron de los cielos, lúgubres e inertes – algunas con humanos montándolas. Las plantas decayeron y la tierra ya no era fértil. La humanidad había olvidado todo sobre los dioses.”

“¿Fue entonces que ustedes descendieron y destruyeron el viejo mundo?” interrumpí.

“Sí, fue entonces que tuvimos que descender y destruir el mundo de los hombres. Porque habían olvidado porqué estaban en la tierra y porqué eran humanos. Habían olvidado en lo que debían convertirse y los hijos de quiénes eran. Se casaron con animales y tuvieron hijos con ellos. Hacia el final casi no habían humanos; todos se habían mezclado con viles bestias. Sólo algunos individuos quedaban, pero estos también vivían como animales. Era una cuestión de tiempo antes de que todos nuestros hijos hubieran desaparecido completamente. Tuvimos que intervenir.”

“¿Pero con tanta crueldad? ¿Tenían que dejar las montañas caer sobre las ciudades? ¿Tenían que dejar a los océanos tragarse las masas humanas? ¿Tenían que dejar a las llamas quemar a aquellos que quedaban? Yo mismo he visto torres de los tiempos más tempranos, que se alzan desde la tierra. Todavía están negros con hollín por dentro. ¿Cuántos debían morir?”

“Es común que alguien debe morir de tal manera que los demás puedan vivir. La tierra está creada para nuestros hijos, para humanos, y todas las demás criaturas, animales y plantas, peces y aves, todo es creado por nosotros para los humanos. De manera que el hombre pueda vivir y crecer. Nosotros creamos esta tierra, la pusimos donde está ahora, entre la calidez del sol y el helado frío del vasto afuera. Hacemos lo que queramos con nuestra creación. Tenemos el derecho de destruir lo que hemos creado tal y como vemos adecuado.”

“¿Pero qué hay de los hombres? ¿Qué hay de sus propios hijos? ¿Acaso no tienen cariño hacia ellos, compasión o buenos deseos?”

“Los hijos son revoltosos. A menudo hacen lo que ellos mismos quieren, y no lo que los padres les piden que hagan. Lo que hicimos fue para salvar nuestros últimos hijos sobrevivientes de la extinción, forzándolos a vivir diferente. Forzándolos a vivir como deberían. Forzándolos hacia ese camino que lleva hacia delante. Forzándolos en el camino correcto. Tomamos algunos de los animales y de ellos hicimos nuevas especies y razas. Creamos a los jötnar, grandes, fuertes y estúpidos, para forzar a los hombres a temer el bosque. Hicimos a los jötnar para darles algo contra lo cual ponerse a prueba a sí mismos. Los jötnar están incómodos cuando piensan, por lo que prefieren la pelea, porque entonces no necesitan pensar. Odian a los humanos porque ellos mismos son humanos caídos. Son feos y pequeños, oscuros y viles, violentos y peligrosos, estúpidos y sin espíritu. Pero tienen un propósito, como los trolls, dragones y otras criaturas que obligan a los hombres a cometer grandes hazañas. Reemplazamos el viejo y enfermo mundo con un mundo que le dio a los humanos la oportunidad de volverse algo más.”

“¡Eso no explica porqué dejaron a niños jóvenes morir antes de que probaran los frutos del amor! Por qué dejaron infantes morir de enfermedad en sus cunas, por qué ustedes…”

“Sí, sí” me interrumpió. “Sí, sí explica todo esto también. La humanidad debe ser fuerte, para encarar futuros retos debe ser fuerte. ¿Es entonces tan malo dejar morir a los más débiles, de manera que de hecho el resto tenga una oportunidad para sobrevivir al futuro? Si todos fueran a vivir todos morirían. Ahora sólo los más débiles mueren, para que el resto pueda vivir. ¿Y acaso no son muy nobles los jóvenes que cargan hacia delante y caen en el campo de batalla antes de haber si quiera probado los frutos del amor? ¿Habría el resto del mundo sabido qué buena sangre su familia tenía, si estos niños no lo hubieran probado con sus nobles hazañas? ¿Habrían sus madres alguna vez tenido la oportunidad de refinar su consciencia sin la pérdida de un hijo? ¿Acaso no es un buen hombre el hombre que se ha enseñado a sí mismo abordar el dolor y ser capaz de imaginar el de otros? Las lágrimas de las mujeres son como rojo oro; sus dolores refinan su consciencia.

Todo el dolor y sufrimiento, toda la dificultad a través de la cual los obligamos es para su propio bien. Sin esto ustedes volverían a ser gentuza, sin esto volverían a dejar a los estúpidos y los débiles decidir el curso del mundo. Sin la guerra es imposible desvelar a los cobardes, y debido a eso si no hay guerras los cobardes llegan a decir tanto como los valientes. El hombre se vuelve cobarde, se mezcla con animales y olvida a los dioses y el credo de los dioses. ¿Qué hemos entonces de hacer con los hombres, cuando los hemos creado después de todo por una razón? Los hemos creado para que se vuelvan mejores, no para que se vuelvan animales.

Mire alrededor, mírenos. Nosotros somos sus padres. Nosotros los creamos. Queremos, como otros padres, que ustedes se vuelvan como nosotros. Igual de hermosos, igual de inteligentes, igual de fuertes, igual de buenos, igual de honestos, igual de altos, igual de blancos, igual de creativos, igual de valientes. Ustedes pueden convertirse en lo que yo soy, pero deben actuar como yo les digo que actúen. Deben entender la necesidad de las pruebas a través de las cuales los ponemos. Nada hermoso viene sin dolor. Ninguna fuerza viene sin dificultad. Nada noble se engendra sin miseria.”

“¿Pero por qué no nos han dicho esto a nosotros? ¿Cómo se suponía que yo debía saber que todo loque sucede, no importa cuan terrible e injusto parezca, tiene un profundo sentido?”

“No tiene porqué. Ustedes deben averiguarlo por sí mismos. Esa es una parte de nuestra meta con ustedes, que ustedes aprendan a pensar por sí mismos. Deben entender por cuenta propia, sin nosotros tener que decirles qué está correcto o equivocado. Ustedes tienen nuestra sangre; escuchen a la voz de la sangre, escuchen su intuición. Aquellos de ustedes que entiendan van a proteger a los demás, decirles qué está correcto y qué equivocado, y velar por que el mejoramiento del hombre suceda.”

“¿Son esos sus Guardianes? ¿Pero dónde están? ¿Quiénes son estos Guardianes? ¡Los he buscado por años, pero nunca encontré alguno!”

“¿Está seguro de eso? Todo el tiempo usted ha buscado algo que ha tenido consigo durante dicho tiempo, en su propio equipaje. Usted debe entender que usted es un Guardián. Un Guardián de vida, un Guardián de los hijos de los dioses. Un Guardián de las tradiciones. Un Guardián porque usted reacciona contra lo que es injusto y espantoso, un Guardián porque se atrevió a viajar hasta aquí, solo, hasta los dioses para hacer preguntas sobre nuestro trato de la humanidad. Podemos sentirnos en calma cuando sabemos que los hombres están cuidados por personas como usted. Usted velará por ellos. Usted desea lo mejor, no sólo para usted, sino para toda la humanidad. Usted luchará por personas que preferirían verlo muerto. Usted luchará por alguien que ni siquiera merece lamer sus botas. Pero, aún así luchará por ellos. Usted luchará porque su propio espíritu le dice que: “perdónalos, no saben lo que están haciendo”. No es su culpa que sean de esta manera, pero usted sabe que es su responsabilidad tornar sus hijos en algo mejor – y luego usted debe luchar también por ellos. Uno no puede odiar una planta porque no pueda crecer en arena seca, pero uno puede tomar sus semillas y sembrarlas en tierra fértil.

Las Guardianes femeninas son demasiado orgullosas para deshonrarse, los masculinos demasiado orgullosos para desear mujeres deshonradas o las esposas de otros. Todos los Guardianes son nobles, y siempre se vuelven más nobles conforme sus vidas avanzan. Algunos inclusive desean respuestas de los dioses, cuando ven el sufrimiento del hombre. Y algunos obtienen respuestas y viven con nosotros como iguales.”

Parte III
Esto es lo que recordaba. Luego de esto fui escoltado de vuelta a mi habitación. Me volví soñoliento y me acosté a dormir. Estaba de vuelta en el barro, igual de abatido y muriendo. Pero una joven doncella había oído mis gritos y sus padres vinieron a mi rescate. Así que sobreviví. Obtuve la vida.

A menudo me pregunto si todo fue sólo un sueño, las ilusiones de un hombre moribundo, pero me aparece como obvio que ellos estaban en lo correcto. Los dioses me dijeron sólo lo que era correcto. Obtuve toda una nueva visión del mundo, y espero que otros aprendan de cuanto he contado. Usted no puede oler lo que yo olí cuando estaba ahí, usted no puede ver lo que vi, ni puede usted saber cómo fue mi viaje a los cielos – pero puede imaginarlo.

Así es como obtuve a un Guardián hacia el final, que me pudiera enseñar el camino hacia los dioses y explicarme porqué el mundo era como era. Porqué el mundo viejo tuvo que acabar y ser reemplazado con un nuevo y mejor mundo. Cómo usted en su mundo obtuvo mi historia yo no lo sé, y tampoco sé cómo se ve su mundo, pero espero que mi historia pueda ayudarlo a saber lo que debe hacer con su mundo, de manera que éste también pueda prosperar, crecer y florecer de acuerdo a la naturaleza y las leyes de los dioses.

Traducido del noruego por Vidar Ermesjø.

Título original: The Journey
Traducido por Gaolus para Thulean Perspective

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