La ascensión

Hubo una vez en que el hombre europeo era un hombre fuerte; en todos los aspectos. Problemas como las alergias, el asma, problemas dentales, obesidad, fallas en los sentidos y otras enfermedades que hoy atormentan al hombre moderno apenas existían. Si es que existían, claro.

Una de las razones por las que esto era así era la riqueza y variedad que proporcionaba la dieta del cazador-recolector, ofreciéndole todo lo que su mente y cuerpo necesitaban, sin preservantes, colorantes ni pesticidas. Todo lo que comía estaba fresco y había madurado por completo al momento de la recolección, por lo que era rico en vitaminas y minerales. Nada era cosechado antes de tiempo con el propósito de ser transportado en contenedores por miles de kilómetros, de manera tal que fuese presentado con aspecto decente mientras permanecía almacenado, esperando ser trasladado a alguna tienda, perdiendo así la mayoría de los nutrientes que habría tenido de haber crecido naturalmente.

Otra razón era el respeto que se tenía por las leyes de la naturaleza, lo que motivaba que los bebés débiles murieran de forma natural, en vez de recibir la ayuda de la medicina avanzada para poder sobrevivir hasta la edad de madurez sexual y poder reproducirse –y reducir la calidad del grupo completo. Algunos de los fuertes también morían, y de la misma forma sobrevivían algunos débiles, pero se mantenía la alta calidad biológica del grupo, e incluso es probable que mejorase.

Una razón más era que cualquier cantidad de mercurio que el hombre antiguo inhalase o consumiese pasaba por el sistema digestivo, donde era rechazado o depurado, y jamás se inyectó mercurio directamente al sistema circulatorio en forma de “vacunas”. De esta manera no se atacaba ni se deterioraba el sistema inmune del hombre antiguo a los pocos meses de nacido. Permanecía sano y con su sistema intacto. Como consecuencia, muy rara vez sufría de rinitis o rinorrea en la niñez. Rara vez sufría otitis o infecciones del pulmón. Rara vez sufría alguna alergia o enfermedades auto-inmunes. Rara vez sufría asma. Rara vez sufría alguna enfermedad mental. No “pescaba” cualquier virus o bacteria que tuviese cerca, y nunca se enfermaba por semanas en caso de hacerlo, como pasa frecuentemente con el hombre moderno hoy en día.

***

El hombre europeo de la edad de piedra era fantástico. El hombre promedio de ese entonces era capaz de aventar una lanza de madera dura a 110 metros o más, lo que podemos comparar con el actual récord mundial de lanzamiento de jabalina (!), que es de 98,48 metros. El hombre promedio de ese entonces podía correr, descalzo y sobre arena blanda, a una velocidad de 37 kilómetros por hora, comparado con el actual récord mundial de 42 kilómetros por hora, conseguido en una arena especial para deportes y con calzado fabricado especialmente para correr. De haber tenido el hombre de la edad de piedra la condiciones que existen hoy, se presume que habría sido capaz de alcanzar una velocidad de 45 kilómetros por hora. Y hablamos, por cierto, del hombre promedio.

Durante las edades del bronce y del hierro, el hombre europeo seguía siendo fantástico. Las legiones romanas solían marchar más de sesenta kilómetros al día, cargando más de la mitad de su peso en equipamiento. Atenas podía reunir a treinta mil remeros, y cada uno de ellos superaba los logros de los campeones modernos.

Si alguno de nosotros, o incluso un campeón olímpico actual, fuera capaz de retroceder en el tiempo hasta entonces, sería visto por el hombre antiguo como un inútil enclenque, un degenerado infrahumano, un debilucho que no es digno de vivir. Y estaría bien al pensar así.

Así las cosas, ¿Qué es lo que le sucedió a Europa? Pues bien, la respuesta es muy sencilla: el cristianismo. Así es, esa minúscula secta del Imperio Romano conocida como “paleocristianos” infectó a Europa desde adentro y, con el paso del tiempo, despedazó todo lo que nos hacía buenos, fuertes, inteligentes y hermosos. Desde que el cristianismo se asentó, nuestro viaje no ha sido sólo una caminata difícil o con algunos sobresaltos, sino que ha sido más parecido a una caída libre directo a un abismo oscuro y ominoso –y seguimos cayendo, pues ganamos peso por culpa de toda clase de venenos: feminismo, liberalismo, internacionalismo, humanismo, capitalismo, comunismo, socialismo, nihilismo y otras enfermedades salidas directamente de aquella primordial plaga mental, todas diseñadas para hacernos caer más rápido y más dolorosamente. Muy pronto tocaremos fondo y no seremos más europeos. Nos volveremos alguna clase de criatura aberrante, incapaz de sobrevivir ni reproducirse sin la ayuda de la medicina, e incapaz de pasar toda la vida sin grandes problemas de salud.

El hombre europeo del futuro, según lo concibe Robert Lenkiewicz:

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¿Por qué iba alguien a desear esa clase de futuro para sí o sus hijos?

No soy como mis ancestros, ni física ni mentalmente, pero he decidido quitarme el velo que cubría mis ojos, por lo que ahora soy capaz de ver, y deseo ansiosamente encontrar y recoger esas placas doradas dejadas en la grama por nuestros antepasados, para así revivir la Europa en mi interior. Los animo a todos a hacer lo mismo.

El cristianismo y todos sus engendros nos han sido impuestos por medio de la fuerza y trucos sucios, engaños y traición, pero Europa sigue en nuestra sangre, donde siempre ha estado. Debemos permitirle despertar y prevalecer, crecer con fuerza nuevamente y regresar, y al hacerlo, disipará fácilmente toda la oscuridad de nuestro mundo. Tal como el amanecer disipa la noche. ¡HailaR WôðanaR!

 Europa:

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Título original: “The Ascent

Traducido por Pablo Lintz para Thulean Perspective

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4 pensamientos en “La ascensión

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