Verdes recuerdos

Aunque cuando niño viví en distintos lugares,  lo que más puedo rememorar como lo que fue mi niñez son los casi cinco años que viví en Odinsvei (“El Camino de Odín”). A pesar de que mientras vivía ahí tuve que sufrir la tortura mental del kindergarten y la primaria, la mayoría de los recuerdos que tengo de Odinsvei vienen de lo que viví en las calles y en el barrio y las cercanías. Los campos de flores al final del camino. El risco que sólo los mejores escaladores de entre nosotros podíamos superar. El lago en el que solíamos esquiar mientras, en invierno, permanecía congelado. El pequeño bosque. Las colinas. Árboles frutales y frambuesas. La pista para caballos con su establo.

Luego de un tiempo, los campos de flores fueron convertidos en una carretera. El lago fue drenado, ya que estaban construyendo hileras de apartamentos en las laderas de las colinas, quedando nada más que un lodazal. El bosque fue talado por completo, para en su lugar construir un edificio industrial junto con un lote de estacionamientos. La pista para caballos fue cerrada, dejando a los establos abandonados a su suerte, para pudrirse lentamente. Todo esto en unos pocos años. Y eso es lo que llaman “progreso”.

Los árboles son los las plantas que más amo en todo el mundo. Son tan hermosos y… misteriosos; es como si fueran las ataduras del mundo, lo que sostiene todo y lo mantiene unido; sus raíces en la tierra, su tronco morando en nuestro mundo, y las hojas de sus ramas alzándose hacia el cielo. Tres mundos en una sola entidad.

Es muy triste ver desaparecer bosques enteros, casi de la noche a la mañana, pero al pensar en eso recordé algo: el año pasado planté treinta y tres árboles en nuestra propiedad. Manzanos, ciruelos, cerezos, duraznos, albaricoqueros y un tejo (y también muchos arbustos). Yo mismo, con una pala, hice los hoyos, muy anchos y profundos, y luego simplemente puse los árboles en el suelo, cubrí  sus raíces con algo de tierra, y después los regué un poco. Eso fue todo. Bueno, fue bastante duro cavar tanto como yo cavé bajo los rayos del sol, pero me tomó menos de un día –y, en realidad, planté estos árboles antes de hacer cualquier otra cosa. Incluso antes de comenzar a cavar los cimientos de nuestra propia casa. De alguna forma, los árboles vinieron primero que todo –y tiene mucho sentido. Son lo primero.

HailaR WîdanaR!

Título original: “Memories of Green

Traducido por Pablo Lintz para Thulean Perspective

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