El culto a la fertilidad, parte I

Tanto académicos como aficionados parecen ver la religión pre-cristiana como una suerte de culto a la fertilidad, y todo se interpreta siempre bajo esta luz, como si la fertilidad fuera todo lo que les preocupaba. Es por esto que todos los símbolos femeninos y hasta las mujeres mismas son vistos como ‘símbolos de fertilidad’.

Para desbaratar todas esas hipótesis y teorías hay una pregunta de control básica que podéis haceros: ¿era la fertilidad un problema para el europeo antiguo? Bueno, ¿por qué rayos habría de serlo? Prácticamente todos los problemas  de fertilidad que existen hoy en día están relacionados con el estilo de vida moderno y con un tipo de contaminación que en la antigüedad ni siquiera existía. El único problema relacionado con la fertilidad que podrían haber tenido entonces, y que tenemos hoy, son aquellos causados por la hibridación (por ejemplo, la hipersexualidad del híbrido: para compensar su baja fertilidad, el híbrido intentará copular mucho más de lo normal).

No obstante, incluso en la época de la primera mezcla entre proto-europeos (homo neanderthalensis) y proto-africanos (homo sapiens), lo que probablemente se dio durante la glaciación, cuando los proto-europeos emigraron al norte y este de África, es difícil que la baja fertilidad haya sido un verdadero problema. La descendencia masculina (pero no la femenina) era con frecuencia totalmente estéril, pero el mestizaje se dio sólo esporádicamente y no en gran escala, lo que significa que de cualquier forma casi todos los hombres eran proto-europeos sin problemas de fertilidad, y las mujeres híbridas (que, por cierto, hoy conocemos como “Cro-Magnon”), en todo caso, seguían siendo fértiles.

Cuando estas tribus regresaron a Europa algo mezcladas, la principal y más seria consecuencia de la mezcla (en el contexto de la fertilidad) era la alta probabilidad de morir que tenía la mujer encinta. A diferencia de hoy, preñar a la mujer no era un problema; frecuentemente, el verdadero desafío era hacer que la mujer sobreviviera a la preñez y diera a luz, y al existir cierto nivel de mezcla pasaba a ser un gran desafío.

Las mujeres tienen caderas diseñadas para parir niños que sean idénticos a sí mismas desde un punto de vista racial, por lo que si una mujer es fecundada por un hombre de otra raza y el niño hereda la forma del cráneo del padre (y, según las estadísticas, sucederá en un 50% de los casos), la mujer se verá frente a un gran problema al momento de dar a luz a ese niño. Lo mismo podemos ver hoy cuando mujeres africanas se casan con hombres europeos; el nacimiento de esos niños resulta tan problemático que para asegurar que tanto el niño como la madre superen el parto, los médicos suelen sugerir automáticamente (¡!) una cesárea. Dar a luz ya es de por sí bastante difícil; tratar de estrujar un enorme cráneo de una raza distinta por vuestras caderas no sólo aumenta la posibilidad de de morir para vosotros y para el niño, sino que también aumenta la posibilidad de que el niño sufra daño cerebral.

Cuando Sigmund Freud creó sus absurdas, ignorantes y derechamente chifladas teorías sobre el “deseo incestuoso” de las muchachas hacia sus padres, simplemente no pudo comprender que las mujeres no se sienten atraídas por sus padres, y no buscan hombres parecidos a sus padres por ser sus padres. Buscan hombres parecidos a sus padres porque eso aumenta sus probabilidades de sobrevivir al parto; si su pareja se parece a su padre es muy probable que el cráneo de sus hijos tenga un tamaño adecuado para sus caderas.

Cuando la mezcla comenzó, las diferencias entre proto-europeos y proto-africanos eran muy grandes, y sólo unos pocos niños (y sus madres) sobrevivían al parto. Los niños que lograban sobrevivir eran casi exclusivamente los que heredaban el cráneo africano más pequeño de sus madres, y no el cráneo europeo, mucho más grande, de sus padres. Claro, esto no es tan simple, pero así era por lo general. Por lo tanto el Cro-Magnon, el resultado directo de esta mezcla, tiene un cráneo y un cerebro más grandes que el del proto-africano, pero más pequeño que el del proto-europeo. Al igual que otros híbridos, el Cro-Magnon padeció una serie de problemas, tales como crecimiento anormal, defectos dentarios, graves defectos óseos, et cetera.

Afortunadamente, la mezcla entre especies fue sólo esporádica, y con el tiempo, los problemas que ésta causó fueron disminuyendo en frecuencia y intensidad. Los genes proto-africanos fueron distribuyéndose más y más uniformemente entre la población europea, que la mayor parte del tiempo no se mezcló con ellos. Sin embargo, la mezcla sí produjo cambios en la población europea y causó muchos problemas, pero la fertilidad no fue uno de ellos. Y sobrevivir al parto siguió siendo un gran desafío; de hecho, lo sigue siendo, porque en Europa somos en promedio sólo un 99,7 porciento europeos.

Video relacionado: La teoría Neandertal

 

Título original: “Fertility Cults I

Traducido por Pablo Lintz para Thulean Perspective

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3 pensamientos en “El culto a la fertilidad, parte I

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