Sobre el diluvio que se avecina

Nuestro mundo está cambiando. Todo parece estar disolviéndose. Hemos entrado en una época de máxima confusión, ignorancia, desesperanza y desconfianza. Se han roto todos los lazos; toda lógica, junto con leyes y reglas han sido desechadas; toda sensatez ha sido sellada en cuartos privados -y mantenida celosamente lejos del alcance de otros. Los pozos más profundos se han convertido en las más altas torres; las más altas torres en los pozos más profundos. La verdad es mentira, y las mentiras son la verdad. Lo correcto es incorrecto, y lo incorrecto es correcto. El suicidio se ha vuelto vida, y la vida ‘odio’. La lujuria es ‘amor’. La decadencia es innovación. La degeneración es creación. La inmundicia es pureza. La perversión es ‘salud’. Las violaciones son ‘enriquecimiento’. Los parásitos son héroes. Los héroes son villanos. Bienvenidos al infierno en la  tierra que el hombre ha creado: ¡nuestro mundo, 2014 A.D.!

Algunos dirán que todo tiene un final, pero yo diría que más bien todo cambia. La naturaleza se encargará de ello.

Primera fase: colapso

La naturaleza acabará con la distopía en que vivimos, por medio de grandes tormentas solares, pandemias, tornados y tormentas; maremotos, terremotos y erupciones volcánicas; meteoritos, y una nueva glaciación. Todo lo que hoy conocemos cambiará; casi todo desaparecerá de la noche a la mañana, y el hombre moderno quedará abandonado a su suerte, con cada vez menos medios modernos en los que apoyarse. Y llegará un punto en que el sistema que mantenía la sociedad artificialmente a flote colapsará por todas las dificultades, y entonces también colapsará la sociedad misma.

Ya estamos en esta fase. Está sucediendo ahora mismo, y sólo aquellos que consigan alejarse de ‘las masas’ tendrán alguna esperanza de sobrevivir. Cuanto más os tardéis en alejaros de las masas, menor será vuestra posibilidad de sobrevivir.

Segunda fase: supervivencia

Cuando la próxima gran tormenta solar alcance la tierra, algunas plantas nucleares se volverán nuevas Chernobyl (aunque también podría suceder antes de esto debido a errores humanos o técnicos, y es posible que se produzca un efecto dominó). Las plantas nucleares tienen  generadores de energía para emergencias, pero estos generadores funcionan con diésel, y sus reservas de este combustible no durarán más de una semana -y no habrá forma de transportar más diésel a las plantas cuando los vehículos hayan dejado de funcionar, cuando ya no se produzca más diésel, y cuando nadie pueda presentarse a trabajar porque es imposible llegar al lugar de trabajo, y justo cuando la gente deberá ocuparse más que nunca del cuidado de sus familias. Algunos ingenieros optarán por llevar a sus familias a un lugar seguro en vez de asistir a sus trabajos. Apagar de manera segura una planta nuclear toma varios meses. Algunos podrán conseguir suficiente diésel para hacerlo de los alrededores. Otros no lo lograrán. El mundo entero -no sólo los países que cuenten con plantas nucleares- sufrirá enormemente a causa de la lluvia radiactiva. Nada será reconstruido, en tanto la humanidad se sofoca rápidamente, siendo abatida por el peso del agua contaminada, el crimen, la violencia, el hambre, las enfermedades que causará el rápido acumulamiento de basura y excremento humano en las calles, pues el sistema de alcantarillado también dejará de funcionar. Y cualquier otro horror que podáis imaginaros caerá sobre nosotros.

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Entonces, los únicos que tendrán posibilidades serán quienes mantengan sus propias reservas de ‘azul de Prusia’, algas pardas y rojas (rodofitas y feofitas), yoduro de potasio, ajo, et cetera, para sobrellevar la radiación, y agua limpia y comida fresca suficientes para sobrevivir por sí mismos durante varios años en un mundo radiactivo. Ni siquiera podréis comer lo que cultivéis en vuestro huerto o lo que recolectéis en los alrededores, o beber el agua de la lluvia o de los ríos. Todo será demasiado radiactivo, al menos por un tiempo.

Tercera fase: recuperación

Pasado algún tiempo, podrán identificarse las áreas con menos radiación usando contadores Geiger con baterías almacenadas en hornos microondas y otros lugares protegidos (‘jaulas de Faraday’) durante la(s) tormenta(s) solar(es) (y semanas después), y los sobrevivientes podrán entonces comenzar a cultivar su propio alimento. Sólo quienes posean semillas no transgénicas ni híbridas conseguirán cultivar plantas que produzcan fruta fértil. (En algunos países, estas semillas ya son ilegales, por lo que deberíais conseguir algunas antes que sea demasiado tarde -y ‘actualizar’ vuestras reservas anualmente.)

Habrá tan pocos sobrevivientes que la caza no disminuirá significativamente la población animal, y, tal como en el área de Chernobyl, la flora y fauna salvajes regresarán en gloria y majestad una vez que el hombre se haya ido. Mas aún habrá mucha radiación en la carne, y, otra vez, sólo aquellos que tengan lo necesario para sobrellevarla (a saber, azul de Prusia, algas pardas y rojas, yoduro de potasio, ajo y demás)  serán capaces de sobrevivir. Y aún así no todos lo harán.

Cazando, recolectando y cultivando su propia comida, los pocos sobrevivientes pasarán años y años de grandes dificultades, pero los más inteligentes, los más fuertes, los mejor preparados, y los más afortunados se habrán abierto camino hacia un mundo mejor.

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Cuarta fase: un nuevo mundo

El nuevo mundo será distinto. Muchas de las especies que hoy conocemos estarán extintas, y también habrán surgido algunas nuevas, tal vez debido a las mutaciones causadas por la radiación, y al mestizaje de especies conocidas que hayan sido desplazadas de sus hábitats naturales y forzadas a aparearse con individuos de otras especies para, parcialmente al menos, sobrevivir (como parece haber sucedido en Norteamérica cuando, en algún momento, los osos polares se vieron forzados a viajar hacia el sur y aparearse con los osos pardos, dando origen a una nueva clase de oso, que conocemos como grizzly).

Eones pasarán, y la humanidad se recuperará. Puede que esta humanidad sea más sabia. Puede que sea mejor, pues habrá superado tormentas de acero, fuego, hielo y sangre. Y puede que también la humanidad haya sufrido cambios debido a mutaciones, mestizaje, y cambios en su estilo de vida.

Todo lo que sé es que quienes más posibilidades tendrán de sobrevivir y conformar la futura humanidad serán aquellos que tengan la sensatez de prepararse para lo que pueda venir. De manera que los ‘paranoicos conspiracionistas’ constituirán el gran núcleo de la humanidad.

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Emergerán nuevas sociedades, nuevas comunidades, y puede que sean muy distintas de las que tenemos hoy. Las principales motivaciones del hombre ya no serán la avaricia y la satisfacción inmediata. Podrán verse una vez más las estrellas, pues habrá desaparecido toda contaminación lumínica. El hombre habrá vuelto a sus inicios.

P.S.: No olvidéis también acumular libros, y aseguraos de mantener vivas nuestras tradiciones europeas. No hay árbol que pueda crecer fuerte y sano sin tener raíces. (Sugerencias de libros: Sorcery and Religion in Ancient Scandinavia y MYFAROG. 😉 ).

Buena suerte.

 

Varg Vikernes

 

Título original: “About the Coming Deluge

Traducido por Pablo Lintz para Thulean Perspective

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Un pensamiento en “Sobre el diluvio que se avecina

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