¿Por qué hablar sobre el hombre de Neandertal?

Hay mucho material arqueológico que ha sido intencional o accidentalmente destruido, o guardado en secreto, o se ha ‘perdido’, o los académicos no lo consideran digno de estudio. Hay mucho que ‘olvidan’ mencionar al público, a nosotros.

No es coincidencia que los primeros ‘arqueólogos’ hayan sido sacerdotes, quienes con frecuencia se aseguraban de destruir cualquier cosa que pudiera evidenciar la existencia de una cultura europea anterior al cristianismo. Algunos de estos sacerdotes probablemente lo hacían no por interés en lo que hoy llamamos arqueología, sino que con la intención de borrar toda evidencia que pusiera en peligro su propia versión de la historia del mundo. “¡Rápido, registren la tumba y destruyan todo antes de que alguien más lo encuentre!”

Y eso fue lo que hicieron al encontrar cráneos de neandertal. Se encontraron con grandes cráneos, que alguna vez contuvieron cerebros obviamente más grandes que los de un humano moderno, ¡así que tenían que hacer algo al respecto! Tanto quienes creían en la teoría de la evolución como los judeocristianos que afirmaban que la Europa pagana era ‘primitiva’ se vieron entonces frente a un gran problema. Y así fue que, intencionalmente, ubicaron la columna vertebral y la mandíbula inferior del neandertal de manera tal que tuviera un aspecto simiesco. Aunque ya se ha probado que esta imagen es falsa, se insiste en representar al neandertal como una simiesca criatura de rostro prominente, y, por ejemplo, cuando visitáis algún sitio arqueológico neandertal, la mayoría de los guías (aunque no todos, por suerte) siguen refiriéndose a él como si así fuera realmente, y al hacerles ver que están en un error, la mayoría también lo sabe, pero por alguna razón siguen contando el mismo viejo cuento. No sé por lo hacen, aún sabiendo que están equivocados; pero lo hacen. En realidad, el neandertal no tenía en absoluto un rostro prominente, y los famosos arcos superciliares (propios de los adultos) aún pueden encontrarse en europeos adultos.

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Moneda de la Galia antigua con imágenes de galos con notorios rasgos de neandertal:

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No, no parecían simios. Su aspecto era muy cercano al de los europeos nórdicos, bálticos, fineses, británicos y galos de hoy. Y cada vez que hablo sobre esto soy atacado por todos aquellos que han sido expuestos -una, otra y otra vez, y por más de cien años- a las horrendas representaciones que han hecho los judeocristianos de nuestros ancestros neandertales. ¡Y nadie quiere tener un ancestro así! ¿Un simio peludo? ¡Pues no, gracias! Pero se equivocan. Lo que creen es falso. Y en vez de aceptar la evidencia que se les presenta, se limitan a repetir la mentira oficial; como loros. Tantas veces se les ha contado el cuento que ya no les queda espacio para la verdadera historia. Se tiene al mestizo Cro-Magnon por ‘proto-europeo’, y al verdadero proto-europeo se le llama simio y se le escupe…

Descendiente de neandertales con aspecto de neandertal:

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 “Cuando la verdad recién se ha puesto las botas,

la mentira ya ha dado dos vueltas al mundo”.

La verdad sobre el neandertal ya se ha encontrado, y se está esparciendo. La verdad se impondrá al final, y cuando eso pase, todo mejorará para nosotros los europeos.

El verdadero ángulo facial del neandertal (y Svante Pääbo):

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P.S.: En Francia, todo objeto de metal anterior a la cristianización se ha definido como ‘galo-romano’, insinuando que los galos no poseían nada interesante; ni tecnología, ni cultura ni nada, hasta la llegada de los romanos. Sólo muy recientemente (las últimas décadas, más o menos) se ha comenzado a aceptar que casi todo el magnífico arte que se ha encontrado pertenecía a la era pre-romana.

 

Título original: “Why Talk About the Neanderthal?”

Traducido por Pablo Lintz para Thulean  Perspective

El culto a la fertilidad, parte I

Tanto académicos como aficionados parecen ver la religión pre-cristiana como una suerte de culto a la fertilidad, y todo se interpreta siempre bajo esta luz, como si la fertilidad fuera todo lo que les preocupaba. Es por esto que todos los símbolos femeninos y hasta las mujeres mismas son vistos como ‘símbolos de fertilidad’.

Para desbaratar todas esas hipótesis y teorías hay una pregunta de control básica que podéis haceros: ¿era la fertilidad un problema para el europeo antiguo? Bueno, ¿por qué rayos habría de serlo? Prácticamente todos los problemas  de fertilidad que existen hoy en día están relacionados con el estilo de vida moderno y con un tipo de contaminación que en la antigüedad ni siquiera existía. El único problema relacionado con la fertilidad que podrían haber tenido entonces, y que tenemos hoy, son aquellos causados por la hibridación (por ejemplo, la hipersexualidad del híbrido: para compensar su baja fertilidad, el híbrido intentará copular mucho más de lo normal).

No obstante, incluso en la época de la primera mezcla entre proto-europeos (homo neanderthalensis) y proto-africanos (homo sapiens), lo que probablemente se dio durante la glaciación, cuando los proto-europeos emigraron al norte y este de África, es difícil que la baja fertilidad haya sido un verdadero problema. La descendencia masculina (pero no la femenina) era con frecuencia totalmente estéril, pero el mestizaje se dio sólo esporádicamente y no en gran escala, lo que significa que de cualquier forma casi todos los hombres eran proto-europeos sin problemas de fertilidad, y las mujeres híbridas (que, por cierto, hoy conocemos como “Cro-Magnon”), en todo caso, seguían siendo fértiles.

Cuando estas tribus regresaron a Europa algo mezcladas, la principal y más seria consecuencia de la mezcla (en el contexto de la fertilidad) era la alta probabilidad de morir que tenía la mujer encinta. A diferencia de hoy, preñar a la mujer no era un problema; frecuentemente, el verdadero desafío era hacer que la mujer sobreviviera a la preñez y diera a luz, y al existir cierto nivel de mezcla pasaba a ser un gran desafío.

Las mujeres tienen caderas diseñadas para parir niños que sean idénticos a sí mismas desde un punto de vista racial, por lo que si una mujer es fecundada por un hombre de otra raza y el niño hereda la forma del cráneo del padre (y, según las estadísticas, sucederá en un 50% de los casos), la mujer se verá frente a un gran problema al momento de dar a luz a ese niño. Lo mismo podemos ver hoy cuando mujeres africanas se casan con hombres europeos; el nacimiento de esos niños resulta tan problemático que para asegurar que tanto el niño como la madre superen el parto, los médicos suelen sugerir automáticamente (¡!) una cesárea. Dar a luz ya es de por sí bastante difícil; tratar de estrujar un enorme cráneo de una raza distinta por vuestras caderas no sólo aumenta la posibilidad de de morir para vosotros y para el niño, sino que también aumenta la posibilidad de que el niño sufra daño cerebral.

Cuando Sigmund Freud creó sus absurdas, ignorantes y derechamente chifladas teorías sobre el “deseo incestuoso” de las muchachas hacia sus padres, simplemente no pudo comprender que las mujeres no se sienten atraídas por sus padres, y no buscan hombres parecidos a sus padres por ser sus padres. Buscan hombres parecidos a sus padres porque eso aumenta sus probabilidades de sobrevivir al parto; si su pareja se parece a su padre es muy probable que el cráneo de sus hijos tenga un tamaño adecuado para sus caderas.

Cuando la mezcla comenzó, las diferencias entre proto-europeos y proto-africanos eran muy grandes, y sólo unos pocos niños (y sus madres) sobrevivían al parto. Los niños que lograban sobrevivir eran casi exclusivamente los que heredaban el cráneo africano más pequeño de sus madres, y no el cráneo europeo, mucho más grande, de sus padres. Claro, esto no es tan simple, pero así era por lo general. Por lo tanto el Cro-Magnon, el resultado directo de esta mezcla, tiene un cráneo y un cerebro más grandes que el del proto-africano, pero más pequeño que el del proto-europeo. Al igual que otros híbridos, el Cro-Magnon padeció una serie de problemas, tales como crecimiento anormal, defectos dentarios, graves defectos óseos, et cetera.

Afortunadamente, la mezcla entre especies fue sólo esporádica, y con el tiempo, los problemas que ésta causó fueron disminuyendo en frecuencia y intensidad. Los genes proto-africanos fueron distribuyéndose más y más uniformemente entre la población europea, que la mayor parte del tiempo no se mezcló con ellos. Sin embargo, la mezcla sí produjo cambios en la población europea y causó muchos problemas, pero la fertilidad no fue uno de ellos. Y sobrevivir al parto siguió siendo un gran desafío; de hecho, lo sigue siendo, porque en Europa somos en promedio sólo un 99,7 porciento europeos.

Video relacionado: La teoría Neandertal

 

Título original: “Fertility Cults I

Traducido por Pablo Lintz para Thulean Perspective