¿Mujeres guerreras?

¡Advertencia! Este artículo podría fácilmente considerarse un despotrique… 😉

Más temprano, alguien me envío un vínculo a un sitio que asegura que hubo mujeres vikingas. De hecho, me cruzo muy seguido con esta clase de afirmaciones; en medios de noticias, en videos o comentarios de YouTube, en correos electrónicos, etc. Y parece haber cierta tendencia al respecto: hay gente que, por alguna razón, quiere hacernos creer que las mujeres también pueden ser guerreras, y que, de hecho, lo han sido siempre. Tal parece que este es otro aspecto más en el que todos somos iguales…

Algunos ponen a Juana de Arco como evidencia, pero en realidad ella no fue más que una chica de dieciocho años que animaba a los hombres a luchar -algo que siempre ha sido tarea de las mujeres.

Otros ponen como evidencia a las doncellas escuderas, pero lo que ellas en realidad hacían era proporcionar escudos y armas a los hombres en batalla. Se acercaban a las filas desde la retaguardia y proporcionaban nuevos escudos y armas a los hombres que habían perdido los suyos, y no participaban en la batalla más que de esta forma.

También tenemos los hallazgos de la arqueología: restos femeninos yacen vistiendo armadura, con armas y escudos junto a ellos, pero sin heridas de batalla. El simple hecho de que hayan sido enterradas con armas y armadura no significa que hayan sido guerreras, pues la costumbre era enterrar a los muertos junto con sus pertenencias o las de su familia; después de todo, querían poder usar sus cosas, o entregárselas a sus esposos o hijos -como hacían las escuderas (en todo Europa en cierta época)-, cuando renacieran.

Como siempre, basta que nos hagamos una simple pregunta de control: ¿están las mujeres físicamente dotadas para el combate? ¡Pues claro que no! Tienen una menor diferencia entre grasa y músculo que los hombres, lo que las hace más lentas y físicamente más débiles, y es suficiente para descalificarlas como guerreras, pero también podemos añadir que las mujeres tienen pechos, que su umbral de dolor es menor, que tienen caderas más anchas y que son mucho menos agresivas.

Ahora bien, es posible entrenar a una mujer para que sea más o menos peligrosa en combate, pero por el mismo esfuerzo puesto en su entrenamiento se podría entrenar a diez hombres comunes y convertirlos en guerreros mucho más poderosos de lo que la mejor guerrera podría soñar.

Además de todo lo anterior, ¿qué sucedería si una tribu enviase a sus mujeres a combatir? Una tribu se las puede apañar con pocos hombres, pero si sus mujeres son muertas en batalla, esa tribu desaparece. Sólo un grandísimo idiota enviaría a sus mujeres a combatir; por suerte ninguno de nuestros ancestros fue así de estúpido, y gracias a eso seguimos aquí.

Por otro lado, ¿qué clase de tribu enviaría a sus mujeres a combatir? Si lo hicieran, ¿por qué no enviar también a niños y ancianos? ¿Y por qué no a los ciegos? Pues lamento deciros que ninguna cultura europea consideraría siquiera hacer algo así; aún en la actualidad los hombres tenemos un sentido del honor demasiado arraigado como para hacerlo. O eso creo…

En mi juventud practiqué artes marciales activamente durante alrededor de cinco años, junto a algunas mujeres, y, aunque lo que practicábamos era una rama de karate, que es un arte marcial hecho especialmente para personas más débiles y pequeñas, por lo que debería ser ideal para mujeres, las que practicaban con nosotros no tenían oportunidad combatiendo contra un hombre. Para que pudieran golpearnos, debíamos dejar que lo hicieran; para que pudieran bloquear nuestros golpes, debíamos hacerlos muy lento, de otra forma les habría sido imposible. Y de no ser porque los hombres no querían dañarlas o humillarlas frente a los demás, ellas jamás habrían asestado algún golpe en combate. Una buena forma de explicar a las mujeres la reticencia de los hombres para golpearlas es ésta: imaginad que se os pide golpear a un niño, ¿os gustaría?

Sabiendo todo esto, cualquier afirmación que venga de feministas radicales sobre la igualdad de capacidades de las mujeres ante los hombres de ser guerreras se vuele simplemente ridícula. Se les puede enterrar con todo el armamento del mundo, ¡pero eso no las hace guerreras! En la antigüedad, cualquier ejército que hubiera tenido aun un pequeño porcentaje de mujeres en sus filas habría sido aplastado, y hoy, aunque las armas de fuego han emparejado un poco las cosas, sigue siendo imposible que las mujeres igualen a los hombres, pues ni siquiera son capaces de cargar el equipo necesario hasta el frente de batalla.

Así que si todavía creéis en “mujeres vikingas” y demás paparruchas, reflexionad un poco; no hubo tal cosa. La física por sí sola basta para descartar a las mujeres como guerreras; también la biología. Las mujeres soldado de hoy no actúan -‘increíblemente’- en los frentes de batalla, sino que en unidades de transporte, en las cocinas, en inteligencia, en comunicaciones, etcétera. No cuentan con lo necesario para ser verdaderos soldados.

Ahora, disfrutad lo que sucede cuando una de las engatusadas mujeres ‘guerreras’, seguramente con un gran entrenamiento detrás, desafía a un soldado (hombre) a un combate de boxeo en Iraq:

Queridas mujeres, ocupaos en ser buenas mujeres, y dejad que los hombres nos encarguemos de ser buenos hombres.

¡Salve, oh fuertes dioses europeos, y también diosas, femeninas y afables!

Título original: “Female Warriors?”

Traducido por Pablo Lintz para Thulean Perspective

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